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¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! - Romanos 11:33

Una de las cosas más alentadoras del año nuevo es la palabra “nuevo”. De acuerdo a la Real Academia Española significa: desconocido, ignorado, no conocido de antes.  De una manera más simple, es un lugar donde se puede empezar de nuevo. Para comenzar de nuevo, uno debe de saber en dónde se encuentra. Uno necesita admitir honestamente la condición presente.  Y enfrentar las consecuencias.

¿Recuerdas a Jonás? En algún momento de su vida se le cruzaron los cables.  Y terminó en un barco en el Mar Mediterráneo que se dirigía, de todos los lugares, a una ciudad llamada Tarsis, que se encontraba al oeste.  Pero Dios le había dicho que le predicara a Nínive, que se encontraba al este.  Como usted recordará Jonás nunca llegó a Tarsis.  Por una serie de traumáticos acontecimientos Jonás fue obligado a razonar en el tracto digestivo de un pez gigantesco.

¡Qué lugar para comenzar de nuevo!  Mientras que Jonás chapoteaba en las algas y jugos gástricos dentro de aquel monstruo marino, él tomó una larga y honesta mirada a su corto y deshonrado ministerio.  Y por primera vez en mucho tiempo él verdaderamente oró (Jonás 2). Literalmente clamó por misericordia.  Le prometió al Señor mantener su voto y regresar a su objetivo. En ese momento, sólo una criatura en el mundo se sentía más enferma que Jonás.  El pez, en cuyo vientre Jonás gimió.  El profeta desembocó en tierra y se puso inmediatamente en camino—esta vez hacia Nínive.

Así como no hay ateos en la sala de enfermos desahuciados, tampoco hay rebeldes en estómagos de peces. Quizás tu te puedes identificar fácilmente con Jonás.  Quizás este año que acaba de pasar no ha sido tu mejor año, en un nivel espiritual.  Quizás hayas esquivado y continuamente evitando tu viaje a Nínive viajando una y otra vez hacia Tarsis. Pero no más. Estás cansado/a. “Agotado/a” es una mejor palabra.  O “atragantado/a” puede ser aún mejor. Te sientes oprimido/a, culpable, usado/a y mal-nutrido/a. Probablemente no estés viejo/a  pero has recorrido una larga carrera. No son los años sino el kilometraje. El enemigo de tu alma le ha estado alimentando la mentira: “Está acabado/a. Terminado/a. Eres un/a inútil. Has sido/a reemplazado/a. Olvidado/a”.

¡Eso no es verdad! Si Dios puede tomar a un profeta desobediente, transformarlo y prenderle un fuego espiritual, Él puede hacer lo mismo contigo. El Señor es especialista en hacer algo hermoso y bueno de algo roto y confuso.

Si tu estás solo/a adentro de un pez, necesitas poner en orden aquellas cosas que necesitan tu atención. Antes de encontrar la salida, debes saber dónde estás—y cómo llegaste ahí. Una vez que hayas logrado eso, estás listo/a para comenzar de nuevo.

¿Dónde te encuentras? Comienza allí. Declara libre y abiertamente tu necesidad. No ocultes ni una cosa. Muéstrela a Dios todas tus heridas. Él está listo para curar cada una de ellas.

Fuente: Blog El Alma, Papel y Hogar del Pastor

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